alienta a Perú

No me lean

Publicado: 2016-01-05


Tirada en el piso de mi cocina me pregunto, entre otras cosas, por qué mierda decidí escribir en esta columna. Estaba más cómoda en Blogspot, donde era anónima, donde el fondo de mi blog era negro y las letras ocres, y si querías leerlo en verdad tenías que hacer un gran esfuerzo. Desde éste ángulo, las cosas se ven diferentes. La mesa, por ejemplo, no está pintada por debajo, recién lo noto. Se ve la mugre de los sócalos que me juro todos los días Hoy sí los voy a restregar. Está fresco. Es la segunda vez en el año en el que me pongo un short. Ya viene el niño, dicen. Espero que no. Además de por todo lo que implica a nivel humano, a nivel médico, para mí, significa falta de serotonina en el cerebro por escases de luz solar. Llueve afuera, nubes en Lima. Me recuerdo como una plasta, en otro lugar, en otras condiciones, mucho más felices, muerta de calor y gris de cielo. Pero en ésa ocasión, tirada en el suelo hace ya tantos años, recuerdo que creía que era feliz. O para el caso, lo era. Por un instante. Plenamente.

Mis piernas ahora flacas se preguntan por qué sienten tanto fresco y porqué están ensuciándose en el suelo de la cocina aun no barrido. Les recuerdo que, debido a la depresión, baja una sustancia en el cerebro que hace que físicamente, moverse sea realmente un infierno, una inmensa dificultad, un pesar cósmico. Que por favor disculpen el problema técnico, que estamos trabajando en ello. Me imagino si alguien me viera en el suelo. Que estoy buscando cucarachas, diría. Que observaba dónde hay que limpiar esta semana. Que se me bajo la presión, no eso mejor no, no se vayan a asustar. Si baja mi hija, podría decirle la verdad y reírme, decirle, Me paralizó la pena, nena, el dolor en el alma me tumbó, mil disculpas jovencita, ya me levanto, no se preocupe Ud. Sé que nos reiríamos, pero sé también que esas flores se riegan con lágrimas. Mejor me levantaría, como un resorte, como la acróbata que aun soy, de un salto, y diría nada, porque no pasó nada, sólo andaba muriendo un rato, nada más, y pensando por ejemplo en Por qué mierda me interesé en escribir en una columna pública. Ahora se me podrían ver los fondos despintados de las mesas, las arañas de las esquinas, los calambres de nostalgia que ofrece el piso helado del corazón de la casa. Todo eso me van a ver ahora, ¿Y yo por qué me mierda me expongo? Por qué escogiste esto, me pregunto de nuevo.

Ya un poco helada, recuerdo: Para tener una razón de sentarme cada semana a escribir.

Oigo pasos en la escalera. Me levanto como un resorte. Es mi dulce suegra.

Aquí, no ha pasado nada.

Recupero la taza de café que abandoné antes de morir.

Desaparezco educadamente.

Soy un Fénix. Escalón.

Soy un Fénix. Escalón.

Soy un Fénix.


Escrito por

Kareen Spano

Alcaldesa autoelecta de Kojudópolis. Llego desde Blogspot con un ejército de Kojudopólitans. Son sujetos sumamente peligrosos. Sobre todo cuando cantan. O cuando sonríen. Ni hablar de cuando sueñan.


Publicado en

Kojudópolis

Conocida en la Vía Láctea como Kojudópolis capital del pequeño planeta entregado un día azul